25 de junio de 2015

...a mis alumnos

El curso llega a su fin. Una ligera sensación de nostalgia y satisfacción se combinan a partes iguales. Éste no ha sido un curso fácil para mí. Muchas circunstancias adversas envolviendo el conjunto han hecho que cada día sea una prueba como de “última oportunidad”. Acostumbrada a dar clases en otras materias más afines a mi formación, otros alumnos, otros entornos, otros lugares,  otras aptitudes, otras actitudes, otras metas, un horario raruno,… a pesar de ello ha resultado enormemente gratificante.

Un curso que empezó cuesta arriba y al que se le iban sumando noticias desalentadoras, duras y mal afortunadas. Una mitad de 2015 color oscuro casi negro salpicado de pequeñas pinceladas de luz  como si estuviéramos pintando un cuadro barroco. Dramatismo puro. Alegría en altas dosis también. Los extremos conviviendo en estado máximo. Primero la alegría de poder impartir clases de nuevo después de mi retiro maternal cuidando a mi hijo en su primer año de vida, segundo la adaptación a un cambio de estrategia docente distinta para guiar a estos alumnos tan rebeldes, tercero te encariñas con ellos, cuarto intentas al menos influirles positivamente en sus vidas, no por transmitirles muchos conceptos si no por transmitirles valores vitales que les sean útiles para enfocar sus caminos, quinto cumplir objetivos contigo misma y con el sistema y sexto afirmar “chicos estoy orgullosa de vosotros”.

No creo que, de los que han resistido hasta el final, se vayan a acordar del Teorema de Pitágoras o de la tabla periódica y sus elementos químicos, ni  de los estilos artísticos a lo largo de la prehistoria e historia, ni nada relacionado con la literatura española más conocida. Me conformo  con que simplemente se acuerden de mí. Ellos no lo saben pero me han ayudado mucho cada día. Me he enfrentado a mis propios sentimientos de rabia por lo que sucedía cerca de mí, a tener que contarles leyendas urbanas figuradas para que me hicieran caso y mi mente estaba en otro lugar, a crear un ambiente agradable y divertido cuando mi cuerpo solo pedía llorar y a tener que sacar fuerzas para no “darles un pescozón” cuando se ponían a hacer el indio como niños pequeños. Ahora que nos estamos conociendo más, que hemos abierto la caja de pandora de nuestros corazones entonces llega el “final de curso”…Justo y necesario. Ellos harán las prácticas del oficio que junto a mis pesadas clases han realizado estos meses. Masilla, chapa, pintura, bollados, lijas, coches…han estado entretenidos. Mi mente también.

¡Os deseo mucha suerte para que encontréis pronto un trabajo y empecéis a aprender muchas cosas de las que os he contado mientras poníais cara de no ir con vosotros!
Vuestra profe que os va a recordar con mucho afecto y ternura.


PD: Mis alumnos: Rubén, Aarón, Alejandro, Adrián, Emanuel, Imad N., Mohamed, Imad Ez, Amine...


21 de mayo de 2015

en construcción...

Eran las 14:50 horas de una tarde de verano en mi ciudad. A mí alrededor todo parecía sereno, los coches viajan a poca velocidad, los viandantes a paso lento, mientras el sol derretía el asfalto y a todo lo que incidía. A lo lejos estaba él. Conforme avanzaba a su encuentro, las sombras gigantes y fantasmagóricas de los edificios me daban  algo más de aliento. Las calles despedían un fuerte olor a quemado. Con las hojas presionadas fuertemente en mis manos sudadas, intento salvar los obstáculos que encuentro en el camino y de reojo lo vuelvo a mirar. Esa sensación de que nos estamos mirando mutuamente. Él me espera, plácidamente, como cada jueves esta vez más aseado. ¡Esta semana ha cundido el trabajo! Pienso mientras compruebo una lista apuntada en mi libreta de obra. Apenas quedan restos del tajo anterior.

Su esqueleto estaba dañado por los años y años sin uso y sin cubrición. Las heridas en su estructura, sangrantes, por la desidia eran más que evidentes. Algo había quedado refugiado por las medianeras y una ligera malla de tela que dejaba ver sus entrañas. Un estado de desolación. Quizás sus ansias de ser algún día un hermoso edificio le hicieron aguardar a la espera para ser rehabilitado y terminar definitivamente su construcción. Ha pasado mucho tiempo desde el inicio y es posible que lo que antes era una cosa ahora esté en jaque hasta su nombre y la propia forma incluso su definición, original. Es una obra inconclusa que ha sufrido los daños colaterales de una gran transformación y que se siente en desgracia con todos, con él mismo y su progenitor. Finalmente ha tenido mucha suerte y está siendo de nuevo  cuidado, con cariño, con esmero. Él ha sufrido mucho y las reparaciones deben ser cautelosas, programadas y entre manos de algodón. Tanto tiempo que ha pasado solo y herido está abrumado de las visitas diarias para sanarlo y llevarlo al esplendor. Sin abrigo, uso, y roce o desgaste, solo. Su piel aún no está formada pero ya respira y se comunica con los vecinos de los números contiguos. Quiere expresar sus deseos. No puede moverse hacia los lados pero anhela volcarse al exterior. Él se hace estas reflexiones ¿Quién es realmente mi padre y por qué me abandonó? ¿Qué ha pasado durante todo este tiempo? ¿Quiénes han venido a salvarme?, mientras yo sigo explorando las fases de su ejecución.

Una ráfaga de aire templado se cuela por el interior secando aún más las grietas reparadas y desplazando el polvo acumulado por la superficie. El gris se ha convertido en dorado por la potencia de la luz, parecen cuchillos amarillos o sierras afiladas que sesgan hasta los troncos más duros de los palos de hormigón. La luz ha dado sentido a ese espacio muerto, frío y desolador. ¡Hasta parece que sus vellos se han erguido como los míos en ese instante que ha aparecido la intensidad de la luz! La estructura ha tomado forma, sentido e incluso dimensión. Es posible la vida y la resurrección de este edificio sin alma, sin cuerpo, sin piel…que se ha mantenido  a duras penas, en los huesos, que ya han sido curados, puestos a punto, en carga, fortalecidos con una nueva  y más eficiente tecnología. Al final otros han tenido menos fortuna que éste y siguen esperando a una posible reforma o ya en las últimas, su destrucción. Un paisaje urbano catastrófico le rodea. Tapias enormes, sin prisas, inacabadas, nada amables. Aceros corrugados que señalan al cielo  han quedado estancados, parados, esperan como rezando con  ferviente devoción. Carteles descoloridos que anunciaban muchas oportunidades  palidecidos hasta el punto de ya no ser legibles. Sigo con la lista de la libreta tachando órdenes ejecutadas y otras para revisar. He detectado alguna que otra deficiencia, la marco en rojo y la subrayo con vehemencia para comprobarla en la próxima sesión. Hemos pasado dos horas contemplándonos, disfrutándonos el uno del otro. He aclarado las dudas para la siguiente fase de proyecto. Nos despedimos con entusiasmo, con anhelo de que pasen pronto los días y volvamos a vernos cada día un poquito más avanzada la obra y mejor. De nuevo me he quedado solo.
De repente suena el teléfono. Ha ocurrido un imprevisto fortuito. Un gélido escalofrío me atraviesa de arriba abajo como un rayo. Unos segundos que se hacen minutos. El silencio ocupa todo el espacio a mi alrededor. Se rompe. Un brinco me hace saltar del aposento, abrir el grifo, vestirme a toda prisa, conectar la cafetera y mirar al espejo. Vuelve a sonar el maldito teléfono. No entiendo nada de lo que susurra una voz a lo lejos. Acelero y llego al edificio en cuestión, aquel que visito cada semana con mimo. Esta vez hay gente pululando cerca de él. Sirenas. Luces. Cintas de prohibido el paso. Mi cabeza no procesa bien esta información. En breve se destapa el siniestro. Un cuerpo humano sin vida yace tendido en el forjado primero. Hay restos del forcejeo. Ajetreo. Muchedumbre. Agitación. Pensamiento en blanco y negro. Me entrevistan para conocer las medidas de seguridad de la obra. Todo está en orden  y según lo estipulado. No es cuestión de falta de responsabilidades o negligencias humanas de la dirección facultativa, se oye decir retumbando en el vacío inmenso del espacio. Respiración larga y profunda. Una desgracia ha ocurrido eligiendo este escenario como fondo de la representación. Unos matones bandidos han acabado con una vida, aleatoria, por temas económicos, sin escrúpulos, sin corazón y sin razón. Me lamento mirando los planos de obra ¡Lo que le ha tocado vivir a este edificio que ni si quiera ha nacido o servido aún!. No sale de su asombro después de llegar casi su muerte, es salvado, ahora presencia y es participe en sus propias carnes de un desgraciado caso de violencia extrema sin sentido. ¿Tendrá secuelas este hecho en la propia vida del edificio o de lo que ocurra después en su interior? me pregunto mientras bajo por los peldaños provisionales llevándome las manos a la cabeza. Han pasado quince días del presunto asesinato. Se ha limpiado todo resto de lo ocurrido. En manos de la justicia ha quedado el asunto. Identificado el cadáver y los sospechosos. El tiempo ha quedado detenido pero sigue acelerando todo en su entorno. Continuamos con la construcción.

Vuelve la calma, las visitas a mi obra predilecta. Hoy es jueves de nuevo, toca agilizar el proceso de trabajo por el retraso inesperado y turbulento. Ya con los ánimos sosegados sigo a la marcha de la revisión. Están recepcionados los materiales llegados al sitio, pedidos los de la siguiente fase. Comienza el replanteo de nuevo de la envolvente del edificio. Hay que adaptarse a las nuevas exigencias surgidas estos años perdidos, repensar, buscar e intentar conseguir la mejor opción. El edificio pide a gritos que se le escuche. Ha vivido  sin fachada todo este tiempo que ahora siente miedo a pensar en ser tapado por capas y capas envolviéndolo. Una fachada inexistente. Se ha acostumbrado a ver la calle, a los niños pasando velozmente con sus mochilas pesadas, a los perros al alba y al atardecer, que no quiere perder esos minutos de gozo. Percibo ese aliento cada vez que recorro su recinto. La fachada quiere ser una piel muy ligera parecida a la piel humana, porosa, transpirable que adapte su temperatura al estado que hace fuera o a cómo se sienta por dentro. ¡Qué difícil tarea se presenta ésta la del Arquitecto! Investigación a marchas forzadas. Desarrollo al instante. Innovación reinventada. Cambios infinitos y pesados, in situ. Tarde de decisiones importantes. Modificaciones, permutas, llamadas, bibliotecas, libros, google avanzado, hipótesis, más cambios, dolor de cabeza…Una voz en of me habla, muy tenuemente, en mi oído advirtiéndome de los problemas y la responsabilidad que ha tomado llevar las riendas de este renovado proyecto. Por un momento el pepito grillo vengativo ha venido para alejarme de esta ensoñación. Retomo los libros, la búsqueda, las llamadas e email a determinados expertos en el asunto, los nervios, las dudas, en modo de excitación. Abro la carpeta de mi pc “en construcción” introduzco la documentación recibida. Al poco rato pienso, dibujo, empiezo una maqueta volumétrica de un detalle. Por fin, decido.
Ha llegado el momento preciso para colocar en la obra las piezas celulares sobre un entramado geométrico. Como una odisea en el espacio me hallo. Ese mismo entramado permanece en mi mente enmarañándolo todo. No puedo ver con claridad, mis ojos solo ven una amalgama de aristas y triángulos. Un instante lúcido. Repaso los últimos planos creados. Una niña con zapatos nuevos me siento. Avanza el procedimiento. No hay lugar para el método “prueba-error”. ¡Todo tiene que encajar preciso desde el principio! resoplo. El sol inicia su actividad. La luz primero rosácea, luego morada y acaba en dorada, choca suavemente con la nueva protección de la fachada. Se abre paso una visión más cambiante del conjunto. La geometría ya no es la misma. Unas nuevas sombras arrojadas inquietantes aparecen en el pavimento. La piel está interactuando con el medio. ¡Parece que ha funcionado el invento! respiro. Disfruto mucho de esta situación tan mágica que se ha creado en este futuro edificio. Un colega perito se presenta, sin avisar previamente ese día, observa sin detenimiento. Ha quedado enloquecido por la grata experiencia del juego de luces que se está viviendo en ese transcurso de tiempo. Ha acudido a mi pertinente insistencia. Cuatro ojos ven más que dos siempre se ha dicho. Cercioramos juntos todo el proyecto tanto en los planos como en directo. Cierro con llave la puerta del que va a ser un inmueble. Dos cervezas bien frías chorrean posadas sobre la barra del bar de enfrente. El trabajo bien hecho ha merecido un respiro entre tanto calor veraniego, desmayo sin resuello. Lo que ha ocurrido hoy en la obra ha sido tremendamente precioso y muy emotivo, dice mi colega acto seguido de tomar un sorbo del líquido color tostado. Una imagen móvil se ha guardado en mi retina. La luz transformadora  ha hecho posible el espacio. Un lugar anodino y aletargado, ha revivido gracias a ella y a unos cuantos cuidados previos. Apunto una nota con la hora, el día, el lugar exacto.
El sonido de un claxon me avisa de que está en verde el semáforo…

Pd: quería presentarme a un concurso de relatos para Arquitectos pero el niño se puso malito y...

 


30 de abril de 2015

Carta de despedida a mi abuelo

Querido Abuelito
Hace algo más de 20 meses que llegué a este mundo gracias a tu insistencia. “Tú querías ser abuelo y yo quería ser tu nieto”. Quien iba a saber que ibas a poner los ojos como un chinito cuando me veías aparecer, agitando mis ricitos dorados y que te hiciera sentir tan feliz. Todos hemos vivido esa felicidad juntos y contigo. Un domingo primaveral empezaste a despedirte sin nosotros saberlo. Tu cuerpo envió avisos. Nosotros no los recibimos. Unos días más tarde todo se tiñó de oscuro. Algo que parecía subsanable con una cierta facilidad empezó a desencadenar una serie de infortunios. Mensajes, llamadas, nervios, esperas, lágrimas y abrazos fue lo que secundó. Unas horas interminables, unos días intensos y ansiosos, pero yo seguía dando felicidad. Nunca habías estado enfermo por eso tenías tanto miedo al final.

Eras un hombre muy fuerte de estatura más bien escasa pero de apariencia robusta y afable. Tus gafas de pasta negra delataban una gran cultura detrás. Maestro, director, padre y finalmente abuelo como tanto habías deseado. Fuiste ejemplo en tu trabajo. Muy orgulloso contabas a mis papás tus avances en la docencia y que no dudabas en compartir, transmitiéndolo a otros colegas maestros, de población en población. Aunque pasaron unos años y ya estabas jubilado la gente te recordaba con mucho cariño como Don Manuel mientras esbozaban una sonrisa y sus miradas se acristalaban. Siempre acompañado de tu inseparable esposa Doña Mº Carmen, mi abuelita, a la que antiguos alumnos también recordaban con mucha emoción. Formasteis un tándem genial. Misma profesión. Mismo colegio. Tres hijos en común. Os conocisteis en un pueblo recóndito andaluz en la serranía de Málaga. Allí vuestro destino se cruzó. Una burgalesa y un moratallero formalizaron su relación. En Molina creasteis un fuerte. En Los Conejos un paraíso. En la playa pasabais una temporada y en Moratalla acudíais para las fiestas. En la peña 24 tenías tu sitio privilegiado donde ofrecías tapas a todo el que por allí pasaba. Siempre me acordaré de tu último arroz con habas y atún de viernes santo del que yo mismo te ayudé a pelar las habas.
Apasionado del cine disfrutaste muchos años dirigiendo un cine club, mi papá me cuenta que hasta él hizo de acomodador. Llegaste a montar tu propia sala de cine en la casa del campo hoy conocida como la habitación del billar. En el porche pasabas muchísimas horas contemplando tu vergel, la piscina, la naturaleza…Sobre tu mesa de manises de aire andalusí, que fabricabas tú mismo, te metías de lleno en la lectura mientras degustabas medio litro de agua con naranja para desayunar. El periódico todos los días. La siesta en tu sillón. Tu vasito de buen vino. Un libro por destripar. Las noticias del telediario. Las películas en tu rincón. Los tomates y naranjas de tu huerto sin fumigación. Un viaje a Marruecos con mis otros abuelos. Siempre con grandes amigos. Comidas degustación. Disfrutabais de la buena gastronomía y de los caldos color pasión. Las partidas de dominó en el casino, en el restaurante de Punta Prima con tus amigos. Conducir no era tu fuerte ni santo de tu devoción.
Viviste como quisiste y te vas rápido sin decir adiós. Querías que tus hijos tuvieran una “vida ordenada” y entonces llegué yo. Yo era “tu pequeñín” y siempre lo seguiré siendo. Tan solo se escribir la O. Ha pasado todo tan deprisa. ¿Qué serán de las comidas familiares de cumpleaños que hacíais a mi tita y mi papá ahora que no vas a estar tú?. Tu deliciosa pata  asada que era ya una tradición. Tendrá que hacerla mi padre con tu receta canaria y con mucho amor. Moratalla llora tu ausencia y nosotros nos quedamos con un gran vacío dentro. Un enorme espacio has dejado que ahora llenamos con tus recuerdos. Muchos. Muchísimos. Solo nos acordamos de lo bueno y todo lo mejor. A mi madre la acogiste como a una hija. A mis otros abuelos, tíos y primos los recibiste con agrado, cariño y educación como si fueran de tu propia familia. Tus hermanos y sobrinos te echarán mucho de menos. Tus hijos y esposa te quieren un montón. Nadie presagiaba este repentino desenlace. Tu infancia no fue nada fácil por los tiempos que corrían pero has conseguido muchas cosas gracias a un inmenso esfuerzo y mucha dedicación, contando por supuesto con mi abuela para todo y en toda ocasión. Que voy a decir yo que la gente ya no sepa que fuiste una excelente persona y te recordaremos, todos, en lo más hondo de nuestro corazón.
A ti abuelito
Tu pequeñín, siempre

 


6 de abril de 2015

Cada rincón guarda su tradición

Cuando se habla de Semana Santa son muchas las opciones que se presentan para pasar unos días de aventuras/descanso tanto en familia, amigos o soledad; unos eligen el mar y sol, otros montaña en modo rural, otros apuran los últimos coletazos en la nieve y muchos aprovechan para viajar y hacer turismo de todos tipos...
Pero lo que son de sobra conocidas son  las actividades procesiones a las que cada año los telediarios dedican una ligera muestra, las particulares formas de expresión sobre esta manifestación religiosa en cada rincón  a cual más singular. En la mayoría de los casos los términos usados para definir ese sentimiento y situación se relacionan con lo serio, lo riguroso, el recogimiento, la emoción, la angustia o el silencio en ocasiones interrumpido por un cántico desgarrador...A la vista de gentes luciendo palmito, aguardando numerosas horas de espera en la calle viendo pasar esbeltos y estilizados personajes encapuchados, rotundos, iguales, todos a una, serenos, pausados, con las mismas cadencias ataviados con telas impolutas, sedosas, brillantes, lánguidas que se anticipan  y dan paso a tronos acarreados que cuentan pasajes de historias dentro de la historia.

Pero existe un lugar en el que los calificativos solemne, silencioso, riguroso, estremecedor no son precisamente acompañamientos a los sustantivos sobre la definición de su semana santa, si no todo lo contrario. “En Moratalla* no se habla, se saluda, se sonríe y te dan una cerveza”, el ruido ensordecedor y caótico de los tambores toma las calles, los bares, tus oídos…una algarabía de alegría, fiesta, color, sonrisas, vino, tortas de bacalao, arroz con habas y alguna que otra afonía al intentar mantener una conversación decente con ellos. Todo está permitido. Vestimentas cosidas con telas de cortinas, sábanas, retales de manteles son la clave del éxito. Los capirotes sin relleno para hacerlo vertical doblados como si fueran monjas y tres días tocando, tocando y tocando sin cesar el tambor. Manos ensangrentadas se ven ya el Domingo. Los redobles, cada uno a su tiempo, suenan y resuenan constantemente creándose un fuerte murmullo de fondo. Los niños integrados en el barullo de túnicas, tambores, palillos, se dejan ver con caras relucientes por aprender, mamando esta pasión desde el principio. ¡Esto o te apasiona o no puedes con ello! dicen por esta tierra a los forasteros que intentan empaparse y conocer la tradición. Y tienen razón.

La casa donde me encuentro está enclavada en el cerro del castillo en una calle estrecha y muy empinada lejos del jaleoso ruido. Cuando más profundamente duermes un golpe seco  te despierta de repente y se entremezcla en tus sueños, acercándose como si fuera anunciar que va a pasar algo, no es una pesadilla. Un solitario tambor se ha salido del circuito, va de camino a su aposento del silencio y la serenidad pero hasta el último segundo no puede dejar de resonar. ¡Tremendo!... Vuelves a conciliar el sueño y vuelve a ocurrir, así sucesivas veces. Alborotada por el trajín de despertares un fogonazo de luz te levanta en la mañana. Unas vistas maravillosas al campo te dan los buenos días y el soniquete lejano te avisa que ya están los tambores sonando. De nuevo comienza la jornada. Es viernes santo hoy toca arroz con habas y atún en escabeche, es la hora de la comida pero los tambores no dejan descanso. La tarde sucede aún más ruidosa si cabe. Más túnicas coloridas salen a ondear su volante tobillero, los cristales no paran de vibrar, las superficies lisas entran en resonancia, la cabeza empieza a volverse tarumba. Una explosión de alegría estalla en su trazado musulmán. Son las 10 de la noche. Una procesión como las tradicionales de otros sitios avanza despacio por las callejuelas irregulares. Los tambores no se detienen. Intentan apagar la luz, intentan poner silencio para que pase el cortejo fúnebre, pero los tambores no quieren dejar de sonar. El silencio se mezcla con la jarana. La provocación se hace dueño de Moratalla. El sábado hay descanso, necesario y reparador, no hay nadie por las calles. Los tambores también descansan. El Domingo vuelve el estruendo apoderarse del silencio. Tan solo cesa unos instantes para recibir al “Cristo resucitado” que sale a bendecir todos los campos. El sol, el color y el pum pum pum se apoderan de mi corazón.

Para muestra un botón
Moratalla, pueblo en la serranía murciana y su particular Semana Santa
 

13 de marzo de 2015

...y mañana es TÁBADO!!!

Recuerdo cuando era una niña como mi hermano que no levantaba más de 4 palmos del suelo recitaba con soltura y perfectamente vocalizando numerosas poesías dejando boquiabiertos a todos los que tenía en ese momento alrededor. El crio se convirtió como en un “monillo de feria” y allá donde iba le tocaba dar su pequeño recital. Este niño habla por los codos* escuché una vez. Pero lo más destacado de las cosas que recuerdo de él de cuando éramos niños es su famoso Tábado. Como desde bien pequeños por motivos laborales de nuestros padres tuvimos que ir a la guardería, mi hermano se pasaba cada día preguntando ¿qué día es hoy?, los lunes por supuesto no los llevaba bien (como casi nadie) pues le tocaba hacer el listado completo de la semana y repetía contoneando las caderas y contando con los dedos; lunes, martes, miércoles, jueves, viernesssss y tábadooooo!!! Los Tábados era el día grande y él le hacía una mención especial. Podíamos ver los dibus al despertar, solíamos tomar churros en el desayuno y sobre todo no había que ir a la guarde-cole, biennnn! Y poder jugar con el fuerte de los playmobil. ¡Cómo ha cambiado el cuento hoy! La necesidad del descanso y el ocio sigue siendo la misma  pero la tecnología está absorbiendo una gran parte de la imaginación para el juego, las relaciones y la inteligencia al fin y al cabo. Debe llegar otro cambio-oportunidad (por no llamarlo crisis) para que nos demos cuenta de lo que se está perdiendo de aquel tipo de crianza, sin videojuegos, sin tanto canal de dibujos, sin maquinitas, sin móviles, jugando en las calles sin peligro y con un radiocassette a pilas donde nos grabábamos leyendo libros. ¡Ahora seríamos niños repelentes! no?

Ya desde niños se puede intuir, a excepción de casos, cómo serás de mayor. Mi hermano siendo un mico ya respondía, con asombroso desparpajo a la pregunta ¿qué quieres ser de mayor? con voz dulce y aterciopelada un rotundo “yo voy a ser profesor de matemáticas” ojipláticos se debían de quedar mientras el resto de niños decían que querían ser bomberos, policías o toreros. Ahora entiendo que los niños menos buenos no tenían dignas intenciones con él. Y no se equivocó. Eso es nacer con un don y tenerlo claro desde el principio. A mí si me hacen la pregunta hoy en día respondería “de mayor quiero volver a ser niña” y es porque con esto de la maternidad estoy reviviendo muchos momentos de mi infancia que ya pensaba que tenía olvidados. Lo de pintar con ceras y llenarnos de manchas de rotulador es un momento de lo más divertido que nos sirve también para aprovechar un montón de hojas usadas acumuladas en un cajón. Al igual que repasar los cuentos-canciones populares que a mí me contaban poniendo voz de pito o descubrir entre todos sus libros con imágenes figuras que va conociendo día tras día. Tiene especial predilección por la luna y el sol. Me pregunto ¿significará algo esto? Jajajaeste va para astrónomo digo con mucha guasa mientras me lo imagino con un telescopio metido en una carcasa…deben ser cosas de madres pensar ya lo que le deparará de mayor. Será lo que quiera y tenga que ser. Lo importante es que sea buena persona y nosotros estemos para verlo todos juntos.

Dibujos espontáneos en una tarde de domingo con mucho cansancio por el día anterior 

Nota: hablar por los codos; expresión que podría estar vinculada con la forma de gesticular de las personas muy locuaces, y que transmite, así, la idea de que no sólo hablan por la boca, si no por partes insospechadas de su cuerpo. Otras fuentes sostienen que está relacionada con hincar los codos("estudiar con empeño"), locución verbal relativa al nivel de conocimientos de la persona habladora. Texto extraído del libro Con dos huevos ( Héloïse Guerrier y David Sánchez, Astiberri 2015)


9 de febrero de 2015

Besos

Muchísimas gracias por vuestras felicitaciones y palabras de cariño que he/estoy recibiendo. Habéis hecho que un simple lunes, de invierno, sentada al ordenador primero y dando clase después se convierta en un día soleado y dulce. He aquí mi post que os dedico a todos vosotros y con el que os envío una retahíla de besos jugosos…

Hace unos días leí en un blog : El 10% de la población mundial no besa según la Universidad de Bochum en Alemania. ¿cómo que no besa?, Me pregunté mientras  recordaba mi viaje de novios a Japón en 2012. En plena efervescencia del recién casamiento observábamos cómo los japoneses ni se rozaban para saludarse, ni despedirse y las parejas hasta caminaban distanciados. ¡Lo que se pierden!, me decía para mí. Un sábado de nuestro viaje, quedamos con mi amigo japonés y antes de que llegara a aquella concurrida terminal de tren-metro mi cabeza daba vueltas locas buscando la solución para aquel encuentro y el momento del saludo. Al final, como suele ocurrir cuando la razón no interviene, fue un acto muy amable. Nos dimos dos besos un poco alejados, mitad oriental y mitad occidental,j ajaj, esa fue la respuesta inmediata y sin preámbulos entre dos culturas bien distintas. ¡Qué simbólico quedó aquello! (seguro que alguien de allí contempló esta escena y pensaría que vaya obscenidad tan inmensa). Desde entonces valoro más cualquier gesto en el que intervienen los besos y  pienso que si no existieran habría que re-inventarlos.

Según las fuentes comunes;
Un beso es el acto de presionar los labios contra la superficie de un objeto (generalmente la piel o los labios de otra persona) como una expresión social de afecto, de saludo, de respeto o de amor, así lo recoge la wikipedia.
Uno de las acepciones de la RAE que más me divierte es; Golpe que se dan las cosas cuando se tropiezan unas con otras…¡así como si fuese un choque entre trenes! conjuro…

Pero para mí los besos son;
Un placer para los sentidos. Ese proceso puede durar un instante. Primero observamos lo que vamos a besar, segundo cuando nos vamos acercando podemos percibir su aroma, tercero nos aproximamos más y más hasta chocarnos cuerpo con cuerpo, cuarto llega la explosión del gusto y quinto se escucha un sonido estridente y armonioso.

Tipos de besos;
En las mejillas sonrojadas de las adolescentes, el primer beso de juventud, el primer beso de los recién casados, el primer beso al nacer un hij@, los besos en los mofletes regordetes de los bebés, los besos prohibidos a “escondidas”, los besos de tortolitos, los besos por cortesía, los besos de saludo, los besos robados, los besos negados, los besos no dados, los besos de buenas noches, los besos renegados, los besos que dejan huella, los que dejan marca, los que dejan carmín, los hay enigmáticos, misteriosos y muy deseados, los que se dan/reciben muy jugosos, calientes, húmedos y jadeantes, los que emiten un sonido prolongado con un final escandaloso, los curativos de reconciliación, los agradecidos de consuelo, los geográficos; besicos, besillos, b7, besaeta, besazos, besukazos, besitos, los apretados de las abuelas con la cara sin despegarse en varios segundos, los besos de novios, los besos a familiares, los besos a desconocidos, los besos muy de amigos, los besos de ¡Feliz Año!, los besos de buenos días, los besos de cumpleaños, los besos 2.0, los besos que enviamos por WhatsApp, los besos :-* (en iconos) que circulan a discreción, los que suenan en las letras de las canciones, los que tanto se añoran en la distancia, los que se lanzan con la mano desde la estación, los besos con babas de bebé, el beso de Judas, los que se dan con la boca abierta y los ojos cerrados, los que se estampan en el cristal, los besos en la frente (para comprobar la temperatura corporal), los besos de Hola, ¿Cómo estás?, los besos tántricos, los hay con sabor a aguardiente, los besos con ternura, los acorchados, los besos cultos o ósculos, los besos en la nariz o esquimal, el beso del Papa en la mano, un beso, dos besos, tres besos para saludar, los besos inmortalizados a lo largo de la historia; el beso de Klimt, el de Rodin y el primer beso de película entre John C. Rise y May Irwin, o el archiconocido beso fin de una guerra…fin de la lista*

*(Nota: la lista de besos es infinita porque existen tantos como combinatoria de posibilidades entre personas, forma de darlos y recibirlos, propiedades, sabores, situaciones etc puedan darse)

Ahí va mi beso de agradecimiento para todos vosotros en el día de mi cumpleaños

 


6 de enero de 2015

¡Los Reyes Magos Si existen! exclamó...

Erase una vez una niña, un niño y sus papás. Como cada Domingo todos desayunaban reunidos en la mesa unos deliciosos churros con chocolate a la taza. Uno de esos Domingos, era principio del frío mes de Diciembre pero hacía mucho sol y los rayos golpeaban fuertemente contra el mobiliario del salón. Los niños estaban sentados en el sofá reposando lo ingerido aún con el pelo alborotado de la noche anterior. La madre sin preámbulos decidió tomar la palabra y les advirtió: “tengo que contaros algo importante, como se acercan Navidades y con ello los Reyes Magos os voy a confesar un secreto que pronto os pueden contar un amigo mayor y prefiero ser yo la que os lo desvele. Los Reyes Magos no existen, somos nosotros”…se oyó un fuerte suspiro. Pasados unos segundos el niño con la voz entrecortada y arrebatada contesta ¿Cómo que los Reyes Magos sois vosotros? ¡Eso no puede ser, yo los vi el año pasado!. La niña que era un poco más mayor, aunque pudiera ya saberlo quedó también impresionada y respondió; ¿Entonces este año qué hacemos?¿Vendrá  Papá Noel?…en ese preciso instante la magia se fue por la ventana…
Unos días después, llegó Papá Noel. Ya no tenía nada de emoción, pero como contaban con todas las Navidades por delante para poder jugar con los juguetes pusieron todo su empeño y sacaron algo de ilusión. La tristeza los había absorbido por completo. La madre muy pesarosa intentó suavizar su confesión pero los niños ya habían ideado un plan, “su plan perfecto”. Los días previos al día de Reyes los niños paseaban para visitar a sus primos, de camino se fijaron en un escaparate, ambos se miraron con una sonrisa cómplice cómo sin palabras sabían lo que estaban tramando. Decidieron entrar al bazar  y compraron un juguete de “playmovil”  que al niño le había entusiasmado días anteriores. Pidieron que el envoltorio fuese neutro. Eligieron para ello un papel blanco, mate, sin ninguna distinción.
¡Lo que yo quería!
¡Lo que yo quería!
 
Llegó la esperada noche de Reyes, la niña muy cautelosa, se hacía la dormida. Una vez que sus padres se fueron a dormir ella sigilosa salió de debajo de las mantas, cogió el paquete envuelto de blanco, lo colocó junto al árbol y el resto de envoltorios y volvió veloz a su cama. Esa noche por supuesto ella no durmió. A la mañana siguiente había algunos paquetes, pero uno fue el que más destacó. Los padres lo miraban atónitos. Cuando el niño despertó, aún con los ojos pegados, corrió hacia el salón empezó a descubrir regalos y dejó el del misterioso papel blanco para el último. La sorpresa fue muy grande cuando lo abrió.¡ Me encanta, lo que yo quería!. Y acto seguido dijo: Gracias Papás-Reyes. La sorpresa fue para los padres que sin decir ni media palabra se volvieron el uno al otro sin comprender de donde había salido ese juguete que le había hecho tanta ilusión. La madre, como si hubiese sido poseída por un ciclón corrió hacia las ventanas, comprobó que éstas estaban cerradas, hacia las puertas y también estaban cerradas. Llevó al padre a otra estancia y entre susurros le preguntó que si había sido él. Minutos después se oyó accionar el teléfono…sin ninguna afirmación. Nadie había sido. Todo estaba en su sitio y cerrado, no había rastros ni huellas. Más llamadas se sucedieron pero sin ninguna información….A la media hora con voz carraspeada  la madre exclamó: ¡Ay, los reyes Magos si existen y me han castigado por decíroslo antes de tiempo! Los niños siguieron a la suya, jugando sin prestarle mucha atención.
Tres meses más tarde, la madre seguía repitiendo esa exclamación, lo contó por todos los rincones y a todo el que se cruzó. Un día sentados de nuevo a la mesa, la niña decidió que ya estaba bien con guardar el secreto y lo confesó. Dijo que ellos compraron el regalo, lo recubrieron con un papel que no diera pistas del sitio donde había sido comprado y que ella misma se levantó en el silencio de la noche, y lo dejó junto a los paquetes que los padres habían previamente dispuesto. Lo del paripé del niño era realista porque es verdad que lo quería pero le puso más énfasis a modo teatral. La madre no se lo creía. Ahora fue ella la que perdió la emoción. La magia salió de nuevo por la ventana dándole una buena lección. Y colorín colorado este cuento ha sido contado.

FELIZ 2015 y  día de REYES

Pd: La niña soy yo, el niño es mi hermano y los papás son mis papás. ¡Ahh y la historia es verídica!