4 de mayo de 2016

el huerto de mi cuñada

Me sorprende mucho como el ser humano, desde que nace, aprende a base de repetir y errar, lo conocido como método de prueba-error. ¿No sería más conveniente decir; investiga, estúdialo bien, actúa con el corazón y estarás más cerca de acertar?. Y digo más cerca porque eso no significa que se asegure el éxito pleno pero pienso que puedes tener más probabilidades que dándote coscorrones en la cabeza, errando sin cesar. Sin ir más lejos el otro día creo que pude comprobar mi teoría. Mi cuñada Natalia está haciendo un huerto. El huerto de su padre. Ha sido su forma de continuar con su tradición y supongo sentir que algo queda de él por aquí. Pues bien, quiero testificar que el huerto va a ser todo un éxito, ojalá. Primero porque ha estudiado cómo hacerlo bien desde el principio,  con lo que entiendo que se han eliminado varias pruebas con sus consecuentes errores y segundo porque le está poniendo tanto amor que tiene que salir bien. Y es que el modo de hacer las cosas influye en el resultado. Estoy convencida. Seguro que no os sonará a chino lo de: ¡Qué rica está la tortilla! Y justo después escuchar “es que está hecha con mucho cariño”. Así es. Lo hecho con amor parece que sale mejor, aunque no nos engañemos que para hacer una buena tortilla hay que tener además de una cierta habilidad previa, una sartén que sea la adecuada y no se pegue, de lo contrario puede salir un verdadero churro.

Ella, que parecía estar ajena al mundo agrícola, está de lleno y con mucho mimo en el mundo rural. Sus tomates no pueden tener mejor trato. La hallé quitando las malas hierbas que salen junto a sus preciadas matitas como si estuviera limpiado la carita de un bebé. Junto a su inseparable compañero han trabajado duro para conseguir que éstas emergieran desde la tierra. Antes han tenido que labrar, abonar la zona de siembra, hacer los caballones, echar el germen para que luego dé los frutos, regar con frecuencia y sobre todo le han puesto infinidad de pasión. Muchos días en proceso. Ya tienen flores-murmuraba ella con entusiasmo. Yo me visualizaba comiéndome ese apetitoso manjar mientras se las mostraba a Mr Trastito que las miraba con recelo. Este verano saldrán  tomates de ahí- le explicó la tita a su ahijado. Deseosa estoy de que el niño vaya con una cesta a recoger las verduras del pequeño huerto, el huerto del abuelito que con muy buena aficción Natalia está sacando a flote de nuevo.
Ahora toca  esperar que el tiempo sea el idóneo y  la suerte la acompañe para en breve poder catar semejante exquisitez y poner la guinda con un  vino que esté a la altura. Así sea.



















Pd: Quedáis invitados a la primera recolecta con su posterior degustación, con el permiso de mi cuñada por supuesto.


26 de abril de 2016

…bajo la sombra de mis naranjos

Recordar es la manera que tenemos, los que nos quedamos aquí abajo, de hacer presentes a los que se van. Se cumple un año de una de las semanas más espantosas que imagino. Fue tremendamente doloroso. 365 días después nos queda la estela de lo que ocurrió pero desde otra perspectiva, el pasaje sigue hacia adelante…no queda otra salida. Tan solo la sonrisa de Mr trastito 1 nos dirigió hacia el camino para superarlo. Hoy hasta tenemos un Mr trastito 2. ¡Cuánto habrías gozado de ver a tus nietecitos!
Unos días más tarde de aquel triste desenlace me encargué del diseño de la lápida de mi suegro. Todos deambulábamos como sin sentido. Dura tarea la mía. Un proyecto diferente, pequeño pero muy emotivo. La visita de nuevo a la tumba fue diferente al día de la despedida final. Las flores se habían marchitado. El sol estaba tapado por una espesa capa de nubes, la soledad era la protagonista, la impresión de volver se palpaba en todos mis poros. Rodeada de fríos mármoles y granitos, grises e insignificantes, impasibles en el tiempo. Me encontraba atormentada. Una amalgama de cruces latinas que competían en altura me estremecían a cada paso. Tomar medidas y pensar en idear algo que a él le gustase era el objetivo marcado, me redundaba. De pronto me vino la inspiración divina. No usaría piedra, ni remataría con cruces como el resto de vecinos. No, a él eso le aterraba. Un material más liviano y cambiante con el tiempo eso si sería más de su agrado. Transformándose día a día. Siempre mostró orgullo por su huerto y sus naranjos-vacilé mientras quería ver la obra finalizada. Me fui con la imagen clara. Abrí el ordenador para diseñar la pieza fúnebre, más animada. La silueta de un naranjo sería la bandera que rematara el sepulcro y su sombra arrojada en verde representaría el huerto que él tanto admiraba. Una frase le haría compañía para siempre, estar solo nunca le hizo gracia. Este fue mi sutil homenaje.


 


16 de marzo de 2016

40+5

Solo recuerdo que se llamaba Marta. 21 días después. La temperatura era confortable. La luz tenue. La música venía desde una esquina de aquella habitación número 1. Ella era joven, dulce y sabía muy bien cómo ganarse el corazón en esos momentos tan vulnerables. El mío se lo ganó. El de mis acompañantes también. Era un ángel personificado, morenaza de pelo lacio, brillante y abundante, una voz delicada y apaciguadora.

Un trabajo organizado en equipo. Un parto humanizado. El dolor iba y venía. Concentrarse en la respiración era el objetivo. Dejar la mente en blanco. Las caras se volvían pálidas hasta quemar la imagen completamente. Un pinchazo en la espalda prolongado. De nuevo volvía la nitidez y el color a mi vista. La percepción del tiempo se había esfumado. Siento miedo. Los recuerdos de la vez anterior embriagan mi pensamiento y el  echar de menos a mi padre se hace más agudo. Pasan las horas y el proceso continua en marcha favorablemente. Sigo escéptica. Pitidos, constantes, contracciones, dilatación, sueros… el dolor está controlado, se abre la puerta sola, se enciende la luz como un fogonazo, entra y sale personal especializado, me exploran, me hablan cariñosamente, me dan aliento, hablan entre ellas, comentan, la cosa parece ir bien pienso entre pujo y pujo, esta vez Sí que va a ser posible el parto. Sonrío y me siento bien por ello aunque reconozco que con mucho miedo.

De nuevo llega la calma, la luz se viene abajo, la música se oye más fuerte y enérgica pues ha empezado un programa de rock en la radio. El ángel la cambia para hacer el momento más placentero. Un rato que se agradece de descanso. Mi madre y R. conversan animadamente mientras cierro los ojos por un momento. Una aterciopelada voz me despierta sutilmente advirtiéndome que va a comenzar el parto. ¿Ya? La dilatación ha sido completada con éxito. El miedo me sacude de nuevo haciéndome tiritar las piernas fuertemente y entrando en un estado de sudor frio ante semejante situación. Un ejército perfectamente ordenado irrumpe en la sala con celeridad. Decididos veo preparar cacharos a mi derecha e izquierda, la cama se transforma, mis piernas suben al alza y una serie de preguntas y directrices me bombardean cerca de mi mejilla. El objetivo está cerca. Mi corazón se agita progresivamente. Muchas palabras llegan a mis oídos de distinta procedencia pero con el mismo mensaje: ¡venga que eres una campeona lo estás haciendo muy bien!. Muy diferente a la primera vez. La tos no me deja concentrarme demasiado en el asunto. El esfuerzo empieza a causar sudores, cansancio y emoción…está llegando…no he sido consciente de lo rápido de este instante pero en tres empujones fuertes y con la ayuda de los medios y de tanto personal mi pequeño ya está en mi pecho, piel con piel. R. y yo nos miramos y lo miramos absortos ante tan bonita criatura. Su piel caliente y suave como el terciopelo me enternece “sobremaneramente”. El personal empieza a desaparecer, cada uno ha desempeñado su cometido mientras nosotros seguimos contemplando lo que la naturaleza crea de forma asombrosa. Pasan unos minutos, se despiden y dan la enhorabuena los últimos profesionales en aquel espacio. La luz se desvanece considerablemente. Me devuelven a mi niño con un gorrito y arropado en una mantita. Marta se encarga de engancharlo a mi pecho. Ella lo ha gestionado todo. El bebé está succionando con vehemencia. Otro milagro de la naturaleza. Me quitan cables, los pitidos dejan de sonar, solo se escucha un susurrito leve del recién llegado  que está enganchado mamando. Esto es la auténtica Felicidad pienso en esos momentos. Me acuerdo mucho de primer hijo. Estoy satisfecha de haberlo conseguido. Ahora ya somos 4.

Dedicado a Marta, matrona residente y mi ángel, y a todo el fabuloso personal del maternal de la Arrixaca.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

5 de enero de 2016

Cuento de los Reyes Magos

Hoy es el 71 cumpleaños de mi padre. Ya no está aquí pero yo lo siento cerca.
Un año justo que todo empezó.
Esta noche intentaremos recordarte, como siempre hacíamos,espero que con alegría.
Recupero este cuento de Navidad que escribí sobre los Reyes Magos para dedicárselo desde dónde esté viéndonos, él era uno de los protagonistas así que sirva de felicitación póstuma.

Cuento de Navidad
Erase una vez una niña, un niño y sus papás. Como cada Domingo todos desayunaban reunidos en la mesa unos deliciosos churros con chocolate a la taza. Uno de esos Domingos, era principio del frío mes de Diciembre pero hacía mucho sol y los rayos golpeaban fuertemente contra el mobiliario del salón. Los niños estaban sentados en el sofá reposando lo ingerido aún con el pelo alborotado de la noche anterior. La madre sin preámbulos decidió tomar la palabra y les advirtió: “tengo que contaros algo importante, como se acercan Navidades y con ello los Reyes Magos os voy a confesar un secreto que pronto os pueden contar un amigo mayor y prefiero ser yo la que os lo desvele. “Los Reyes Magos no existen, somos nosotros”…se oyó un fuerte suspiro. Pasados unos segundos el niño con la voz entrecortada y arrebatada contesta ¿Cómo que los Reyes Magos sois vosotros? ¡Eso no puede ser, yo los vi el año pasado!. La niña que era un poco más mayor, aunque pudiera ya saberlo quedó también impresionada y respondió; ¿Entonces este año qué hacemos?¿Vendrá  Papá Noel?…en ese preciso instante la magia se fue por la ventana…
Unos días después, llegó Papá Noel. Ya no tenía nada de emoción, pero como contaban con todas las Navidades por delante para poder jugar con los juguetes pusieron todo su empeño y sacaron algo de ilusión. La tristeza los había absorbido por completo. La madre muy pesarosa intentó suavizar su confesión pero los niños ya habían ideado un plan, “su plan perfecto”. Los días previos al día de Reyes los niños paseaban para visitar a sus primos, de camino se fijaron en un escaparate, ambos se miraron con una sonrisa cómplice cómo sin palabras sabían lo que estaban tramando. Decidieron entrar al bazar  y compraron un juguete de “playmobil”  que al niño le había entusiasmado días anteriores. Pidieron que el envoltorio fuese neutro. Eligieron para ello un papel blanco, mate, sin ninguna distinción.
¡Lo que yo quería!
¡Lo que yo quería!
 
Llegó la esperada noche de Reyes, la niña muy cautelosa, se hacía la dormida. Una vez que sus padres se fueron a dormir ella sigilosa salió de debajo de las mantas, cogió el paquete envuelto de blanco, lo colocó junto al árbol y el resto de envoltorios y volvió veloz a su cama. Esa noche por supuesto ella no durmió. A la mañana siguiente habían algunos paquetes, pero uno fue el que más destacó. Los padres lo miraban atónitos. Cuando el niño despertó, aún con los ojos pegados, corrió hacia el salón empezó a descubrir regalos y dejó el del misterioso papel blanco para el último. La sorpresa fue muy grande cuando lo abrió.¡ Me encanta, lo que yo quería!. Y acto seguido dijo: Gracias Papás-Reyes. La sorpresa fue para los padres que sin decir ni media palabra se volvieron el uno al otro sin comprender de donde había salido ese juguete que le había hecho tanta ilusión. La madre, como si hubiese sido poseída por un ciclón corrió hacia las ventanas, comprobó que éstas estaban cerradas, hacia las puertas y también estaban cerradas. Llevó al padre a otra estancia y entre susurros le preguntó que si había sido él. Minutos después se oyó accionar el teléfono…sin ninguna afirmación. Nadie había sido. Todo estaba en su sitio y cerrado, no había rastros ni huellas. Más llamadas se sucedieron pero sin ninguna información….A la media hora con voz carraspeada  la madre exclamó: ¡Ay, los reyes Magos si existen y me han castigado por decíroslo antes de tiempo! Los niños siguieron a la suya, jugando sin prestarle mucha atención.
Tres meses más tarde, la madre seguía repitiendo esa exclamación, lo contó por todos los rincones y a todo el que se cruzó. Un día sentados de nuevo a la mesa, la niña decidió que ya estaba bien con guardar el secreto y lo confesó. Dijo que ellos compraron el regalo, lo recubrieron con un papel que no diera pistas del sitio donde había sido comprado y que ella misma se levantó en el silencio de la noche, y lo dejó junto a los paquetes que los padres habían previamente dispuesto. Lo del paripé del niño era realista porque es verdad que lo quería pero le puso más énfasis a modo teatral. La madre no se lo creía. Ahora fue ella la que perdió la emoción. La magia salió de nuevo por la ventana dándole una buena lección. Y colorín colorado este cuento ha sido contado.


Pd: La niña soy yo, el niño es mi hermano y los papás son mis papás. ¡Ahh y la historia es verídica!

4 de diciembre de 2015

No podemos veros pero sabemos que estáis ahí…

Siempre que llega Diciembre, último mes del año, por una extraña razón, la cabeza gira haciendo su particular balance anual. Este año me propuse no hacerlo, ha sido demasiado desdichado, pero la razón va a la suya y cada día  me repite palabras, frases, me recuerda imágenes impactantes, situaciones indescriptibles vividas estos meses…y he decidido darle una oportunidad para saciar ese desasosiego y quizás así calmar esa sensación. Por lo mismo, temía la llegada de la Navidad, época que se tiene por familiar y alegre. Por  todo lo sucedido ni me planteaba hacer nada especial, pero también voy a darle una oportunidad, ¡Claro que sí!. Hay un pequeño en mi interior terminándose de gestar y otro en mi exterior revoloteando y pintando de verde por donde pasa, a veces literalmente con un rotulador. Ellos merecen una bonita Navidad, un final de año diferente. Por ellos hay que estar contenta y dar las gracias por todo continuamente. Papá, esa persona que hace millones de cosas a la vez, también necesita un merecido descanso y desconexión. Ha sido un año demasiado sobrecogedor y tenso. ¡Me duele mucho recordarlo!. Ahora necesitamos borrar algunos recuerdos y transformarlos en algo distinto, cosas bonitas, luces de colores, nubes esponjosas, una ola rompiendo en la orilla del mar, quizás en pajaritos saltando sobre la hierba o simplemente comer turrón de chocolate hasta quedar totalmente saciados y satisfechos. Mario cuando ve un avión por el cielo dice:“mira va a visitar al abuelito” a los abuelitos le rectificamos nosotros. Así quiero pensar yo con la ingenuidad e inocencia de un niño. Camuflar los hechos con simulaciones preciosas como esbozadas con dibujos simplones y con colores extravagantes o pasteles, me da igual. Lo que sea por hacer sentirnos mejor y poder emitir más sonrisas que lágrimas, jejeje.

No podemos veros pero sabemos que estáis ahí… Nosotros,aquí, vamos a seguir realizando las tradiciones de la familia como siempre, como si todo siguiera igual y que sirva de emotivo homenaje. Repetiremos la suculenta “pata al horno” con la receta de Don Manolo. Os enviaremos un trocito hacía el cielo para que la probéis a ver si sigue teniendo ese delicioso sabor inconfundible. Me apetece mucho aunque tenga que sobreponerme a ello, no voy a mentir. Se percibe una mágica ayuda, no obstante. ¡Qué os aproveche tanto como a nosotros!  
 

 
Papi al menos no estás solo y pasaréis estos días juntos los dos abuelitos, estoy convencida. Tomaros una copita de un excelente vino a nuestra salud y reíros mucho contemplando en la lejanía las fechorías y las conversaciones que tiene vuestro nietecico precioso. Pronto llegará el segundo, qué pena que ya no podáis conocerlo, pero seguro que llega con dos ángeles debajo del brazo.
 

 

22 de noviembre de 2015

22 años no son nada…

Veintidós años han pasado desde que nos separamos cuando terminamos nuestra etapa en el colegio, eran tiempos de la EGB. Teníamos 14 años exactamente y rondaban los primeros años de aquellos 90. Luego cada uno tomó un rumbo diferente. Otros siguieron juntos sus caminos. Ahora la mayoría ha formado su propia familia, otros están en proceso de ello y otros no saben no contestan…Ha pasado toda una vida por nosotros pero en esencia seguimos siendo los mismos, obviamente con algo más de madurez, algunos, jajaja.

El pasado 14 de noviembre nos volvimos a reunir, cena italiana mediante. La emoción que emanaba nuestros ojos era más que evidente incluso alguno estaba literalmente “hecho un flan”. Al principio costó reconocer a algún que otro compañero/a pero en general  fue fácil despojar de los años pasados a aquellos niños-adolescentes que llevábamos dentro. Nos reímos muchísimo recordándonos por aquellos tiempos, contándonos las anécdotas de clase y de las excursiones, de cómo estábamos y cómo estamos, de la añoranza que nos daba pensar en cómo estarían nuestros profesores, de los hijos que cada uno tiene, de lo que ha dedicado o dedica su vida…todos con una sonrisa de oreja a oreja.
No ha pasado el tiempo, parecía, murmurábamos entre nosotros…Y claro sí que ha pasado el tiempo, ya lo creo, 22 años, pero era como si no hubiesen pasado, un sentimiento nostálgico-alegre salía de nosotros. El mismo que sentí cuando recibí un mensaje diciéndome que se iba a celebrar una cena de antiguos alumnos del colegio y pedían mi teléfono. Upsss subidón!!!

Muchos han seguido conservado su amistad, complicidad, vivencias, incluso algunos se han hecho familia entre ellos. En mi caso fue distinto. La siguiente etapa estudiantil me llevó por otros derroteros, otra ciudad, otras experiencias, otras oportunidades…una vida diferente. La distancia hizo alejarme del círculo de convivencia de ellos. Hoy en día gracias a la conectividad de las redes he vuelto a recuperar el contacto con algunos. A esta reunión faltaron muchos que tenían inmensas ganas de reencontrarme de nuevo. A la siguiente no volverá a pasar, espero, porque ya se están calentando motores para celebrar otro guateque pronto. Y es que nos faltó tiempo. Una noche se hace corta para resumir 22 añazos. Sin duda la etapa más importante y decisiva de nuestras vidas. El paso de niños a adolescentes y luego a adultos. Nos quedamos con ganas de más. ¡Eso es bueno!. No pude hablar con todos, éramos bastantes…así que en la siguiente seguimos con las miles de conversaciones pendientes. Me sentí como en casa, como en familia, a gustito, arropada, incluso tuve el placer de que me acompañaran 7 caballeros hasta el coche ya entrada bien la madrugada, ¡eso es ir escoltada y lo demás son tonterías! Esto de estar embarazada tiene sus ventajas, juas juas. También las chicas tuvieron muchas atenciones conmigo por mi estado.
 La cena estuvo fenomenal. Uno de nuestros compañeros era el chef y la verdad dimos buena cuenta de la misma. Mi estómago y mi bebé también lo agradecieron. Después seguimos la velada en otro sitio nocturno.Los que tenemos hijos pequeños tuvimos que ausentarnos antes de llegar a casa y encontrarnos a los niños levantados, gajes del oficio. Otros aguantaron hasta  tomarse los churros de buenos días...¡qué suerte¡ Las escasas 3 horas que dormí esa noche merecieron mucho la pena.

¡Muchísimas gracias a todos, me encantó estar todos juntitos! Repetiremos. Y por supuesto que a la siguiente me apunto de nuevo, espero que no me coincida próximo-post día D.
Amparo, Emilio, Rafa, Pepi, Dani, Pablo, Beatriz, Juan, MºJosé, Mónica P., Noelia, Mari Loli, Chari, Olga, Alex, Samuel, Fulgen, Juan Carlos, Fernando, Juan Jo, Paco, José O.,Victor, Pedro, Fran A., Jose Antonio (aunque no lo llegamos a ver que se quedó durmiendo en el coche...)

25 de agosto de 2015

Viaje a ninguna parte

A la memoria de Mi Padre

Un 5 de enero, día de tu 70 cumpleaños, ingresaste en el hospital por tu propio pie pensado que era una simple gastroenteritis y un 5 de Julio te depositamos en el panteón familiar para que descansaras para siempre. 6 meses ha durado esta brutal historia. Justo el día de tu cumpleaños te prometí dedicarte unas palabras  sin poder aventurar la tragedia que iba a suceder. Me remonto a ese día y pienso que eso solo ocurre en la ciencia ficción. Pero no. Me pellizco y todo ha sido en la realidad. Una realidad que cada vez es más común a más familias y nos hace más vulnerables, si cabe. Un triste final anunciado sin remedio alguno. Cuesta digerirlo.
Una terrible enfermedad que ha ido acabando contigo poco a poco sin prudencia. Demasiado tarde. Cuando conocimos la existencia de esa parte dañina en tu organismo todo pasó más rápido y siniestro. Enero fue tremendamente penoso y gélido. Un tornado llegó de repente y nos asoló violentamente. Después apareció la esperanza. Tampoco teníamos demasiada información. Lo mejor es que tú mismo conociste una “verdad a medias” menos dramática y curable. La verdad habría acabado contigo mucho antes. Nosotros habríamos sufrido contigo aún más. En casa no se ha hablado de enfermedades, ni de esperanza de vida, ni de dolor, ni de si el tratamiento hay que aumentarlo, ni de muchas otras cosas que hemos hablado sin que tú supieras, mientras tú, solo querías ponerte bueno. Mientras hacías planes para el día que te encontrabas mejor compartirlo todos juntos, ese día llegaba y no podías ni estar contigo mismo. Querías ir a tu pueblo, a tu casa recién rehabilitada, querías ir un domingo a comer un arroz con la familia, querías ver crecer a tus nietos, querías tantas cosas…Ay Papá, ¡cuánta vida creíamos que tenías y  ésta se ha esfumado de un plumazo! ¡Cuántas cosas nos han faltado vivir juntos! Otras sí que lo hemos disfrutado infinito contigo. ¡Te estoy/voy a echar tanto de menos!

Un terrible destino escrito y anunciado de antemano, que ha transcurrido a la vez con lentitud/rapidez y determinación. Crees en los milagros. Crees en los avances de la ciencia. Crees en la bondad de las personas especialistas en este delicado asunto. ¡Crees y no crees! Un día estás contenta porque ha comido fenomenal. Y otro día te hundes porque ha rechazado hasta la manzanilla. La máquina no funciona bien. La cabeza discurre perfectamente. Te conviertes en una actriz sin serlo. Tienes que actuar en una escena en la que solo te apetece gritar y llorar de impotencia sin embargo cuentas crónicas intentando llenarlas de alegría y cotidianidad. Tus nietos han ayudado enormemente en este proceso. Ellos han sido la alegría que cada día nos ha alimentado para hacer de nosotros esta transformación. Ni una lágrima derramada en tu presencia. Ni una palabra de rabia, ni de tristeza. Hemos asumido desde el principio este camino de espinas a sabiendas del final. Ha sido duro, bastante duro, pero también nos ha enseñado mucho de la vida. Lo cruel y lo bonita que es. Lo frágil y lo fuerte. A valorar el tiempo en segundos. A disfrutar de un día cualquiera a la mesa con niños revoloteando y gritando como bárbaros, a realizar una llamada de consuelo, a algo que no sé ni siquiera explicar con palabras, a estar en paz nosotros contigo y tú con nosotros. A tener que despedirnos sin poder despedirnos. A simplemente estar y darte la mano. A ver tus ojos brillantes y vivarachos deseosos de vida sabiendo que ya nada se podía hacer y contener las lágrimas que querían salir despedidas a cada instante. A esperar lo no esperable. A esperar a que te fueras solo. A esperar como tu organismo se iba consumiendo mientras tu intención era recuperarte. Comprobar la teoría de la Ley de Vida, unos vienen y  otros se van, así en mis propias carnes. La vida y la muerte a la vez. Luz en medio de una noche cerrada. De eso estoy emocionada de habértelo podido anunciar en tu lecho moribundo. ¡Te pusiste tan contento! Momento único, bonito e irrepetible.
No me he atrevido a decirte tantas cosas que me había planteado decirte. He sido una absoluta cobarde. No quería demostrar debilidad pues sabía me emocionaría y solo queríamos darte tranquilidad para que pasaras lo mejor posible los últimos días que te quedaban en esta vida. Tú, papi, me has sorprendido de manera extraordinaria. Tu valentía con la que te has enfrentado a este trasiego impotente, silencioso, sin ningún tipo de queja o lamento, dando ejemplo, un enfermo excepcional decían pasmados el personal sanitario que te atendía cada día. Una fuerza sobrenatural has sacado de tu yo cada vez más huesudo y deshecho. Creo que no has sufrido demasiado. Lo pienso. Luego es.

Ahora, cada noche, cuando el pequeño ya duerme y tengo un momento de reflexión recuerdo con cautela las palabras que me decías con tu particular forma de demostrarme cariño <Hermosa mía>. Tampoco olvidaré como me dijiste refunfuñando desde la cama del hospital con un resquicio de lo que era tu voz <no seas tonta estás preciosa> y que estaríamos mejor en las rebajas de El Corte Inglés. O como días antes de tu ingreso final  comentabas que esa noche habías soñado con gran festín, una mesa llena de comida, cuando nos veías a todos zampar de lo lindo mientras tú hacías todo lo posible por tomarte un simple batido hiperproteico sin éxito. Jamás podía imaginarme que ese sería tu fin.

Te sigo debiendo el post que te prometí en tu cumpleaños, esta vez no ha podido ser…demasiadas lágrimas


¡Tu nietos ya saben que estás en el cielo, cuídalos mucho desde donde estés!