16 de marzo de 2016

40+5

Solo recuerdo que se llamaba Marta. 21 días después. La temperatura era confortable. La luz tenue. La música venía desde una esquina de aquella habitación número 1. Ella era joven, dulce y sabía muy bien cómo ganarse el corazón en esos momentos tan vulnerables. El mío se lo ganó. El de mis acompañantes también. Era un ángel personificado, morenaza de pelo lacio, brillante y abundante, una voz delicada y apaciguadora.

Un trabajo organizado en equipo. Un parto humanizado. El dolor iba y venía. Concentrarse en la respiración era el objetivo. Dejar la mente en blanco. Las caras se volvían pálidas hasta quemar la imagen completamente. Un pinchazo en la espalda prolongado. De nuevo volvía la nitidez y el color a mi vista. La percepción del tiempo se había esfumado. Siento miedo. Los recuerdos de la vez anterior embriagan mi pensamiento y el  echar de menos a mi padre se hace más agudo. Pasan las horas y el proceso continua en marcha favorablemente. Sigo escéptica. Pitidos, constantes, contracciones, dilatación, sueros… el dolor está controlado, se abre la puerta sola, se enciende la luz como un fogonazo, entra y sale personal especializado, me exploran, me hablan cariñosamente, me dan aliento, hablan entre ellas, comentan, la cosa parece ir bien pienso entre pujo y pujo, esta vez Sí que va a ser posible el parto. Sonrío y me siento bien por ello aunque reconozco que con mucho miedo.

De nuevo llega la calma, la luz se viene abajo, la música se oye más fuerte y enérgica pues ha empezado un programa de rock en la radio. El ángel la cambia para hacer el momento más placentero. Un rato que se agradece de descanso. Mi madre y R. conversan animadamente mientras cierro los ojos por un momento. Una aterciopelada voz me despierta sutilmente advirtiéndome que va a comenzar el parto. ¿Ya? La dilatación ha sido completada con éxito. El miedo me sacude de nuevo haciéndome tiritar las piernas fuertemente y entrando en un estado de sudor frio ante semejante situación. Un ejército perfectamente ordenado irrumpe en la sala con celeridad. Decididos veo preparar cacharos a mi derecha e izquierda, la cama se transforma, mis piernas suben al alza y una serie de preguntas y directrices me bombardean cerca de mi mejilla. El objetivo está cerca. Mi corazón se agita progresivamente. Muchas palabras llegan a mis oídos de distinta procedencia pero con el mismo mensaje: ¡venga que eres una campeona lo estás haciendo muy bien!. Muy diferente a la primera vez. La tos no me deja concentrarme demasiado en el asunto. El esfuerzo empieza a causar sudores, cansancio y emoción…está llegando…no he sido consciente de lo rápido de este instante pero en tres empujones fuertes y con la ayuda de los medios y de tanto personal mi pequeño ya está en mi pecho, piel con piel. R. y yo nos miramos y lo miramos absortos ante tan bonita criatura. Su piel caliente y suave como el terciopelo me enternece “sobremaneramente”. El personal empieza a desaparecer, cada uno ha desempeñado su cometido mientras nosotros seguimos contemplando lo que la naturaleza crea de forma asombrosa. Pasan unos minutos, se despiden y dan la enhorabuena los últimos profesionales en aquel espacio. La luz se desvanece considerablemente. Me devuelven a mi niño con un gorrito y arropado en una mantita. Marta se encarga de engancharlo a mi pecho. Ella lo ha gestionado todo. El bebé está succionando con vehemencia. Otro milagro de la naturaleza. Me quitan cables, los pitidos dejan de sonar, solo se escucha un susurrito leve del recién llegado  que está enganchado mamando. Esto es la auténtica Felicidad pienso en esos momentos. Me acuerdo mucho de primer hijo. Estoy satisfecha de haberlo conseguido. Ahora ya somos 4.

Dedicado a Marta, matrona residente y mi ángel, y a todo el fabuloso personal del maternal de la Arrixaca.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

5 de enero de 2016

Cuento de los Reyes Magos

Hoy es el 71 cumpleaños de mi padre. Ya no está aquí pero yo lo siento cerca.
Un año justo que todo empezó.
Esta noche intentaremos recordarte, como siempre hacíamos,espero que con alegría.
Recupero este cuento de Navidad que escribí sobre los Reyes Magos para dedicárselo desde dónde esté viéndonos, él era uno de los protagonistas así que sirva de felicitación póstuma.

Cuento de Navidad
Erase una vez una niña, un niño y sus papás. Como cada Domingo todos desayunaban reunidos en la mesa unos deliciosos churros con chocolate a la taza. Uno de esos Domingos, era principio del frío mes de Diciembre pero hacía mucho sol y los rayos golpeaban fuertemente contra el mobiliario del salón. Los niños estaban sentados en el sofá reposando lo ingerido aún con el pelo alborotado de la noche anterior. La madre sin preámbulos decidió tomar la palabra y les advirtió: “tengo que contaros algo importante, como se acercan Navidades y con ello los Reyes Magos os voy a confesar un secreto que pronto os pueden contar un amigo mayor y prefiero ser yo la que os lo desvele. Los Reyes Magos no existen, somos nosotros”…se oyó un fuerte suspiro. Pasados unos segundos el niño con la voz entrecortada y arrebatada contesta ¿Cómo que los Reyes Magos sois vosotros? ¡Eso no puede ser, yo los vi el año pasado!. La niña que era un poco más mayor, aunque pudiera ya saberlo quedó también impresionada y respondió; ¿Entonces este año qué hacemos?¿Vendrá  Papá Noel?…en ese preciso instante la magia se fue por la ventana…
Unos días después, llegó Papá Noel. Ya no tenía nada de emoción, pero como contaban con todas las Navidades por delante para poder jugar con los juguetes pusieron todo su empeño y sacaron algo de ilusión. La tristeza los había absorbido por completo. La madre muy pesarosa intentó suavizar su confesión pero los niños ya habían ideado un plan, “su plan perfecto”. Los días previos al día de Reyes los niños paseaban para visitar a sus primos, de camino se fijaron en un escaparate, ambos se miraron con una sonrisa cómplice cómo sin palabras sabían lo que estaban tramando. Decidieron entrar al bazar  y compraron un juguete de “playmobil”  que al niño le había entusiasmado días anteriores. Pidieron que el envoltorio fuese neutro. Eligieron para ello un papel blanco, mate, sin ninguna distinción.
¡Lo que yo quería!
¡Lo que yo quería!
 
Llegó la esperada noche de Reyes, la niña muy cautelosa, se hacía la dormida. Una vez que sus padres se fueron a dormir ella sigilosa salió de debajo de las mantas, cogió el paquete envuelto de blanco, lo colocó junto al árbol y el resto de envoltorios y volvió veloz a su cama. Esa noche por supuesto ella no durmió. A la mañana siguiente habían algunos paquetes, pero uno fue el que más destacó. Los padres lo miraban atónitos. Cuando el niño despertó, aún con los ojos pegados, corrió hacia el salón empezó a descubrir regalos y dejó el del misterioso papel blanco para el último. La sorpresa fue muy grande cuando lo abrió.¡ Me encanta, lo que yo quería!. Y acto seguido dijo: Gracias Papás-Reyes. La sorpresa fue para los padres que sin decir ni media palabra se volvieron el uno al otro sin comprender de donde había salido ese juguete que le había hecho tanta ilusión. La madre, como si hubiese sido poseída por un ciclón corrió hacia las ventanas, comprobó que éstas estaban cerradas, hacia las puertas y también estaban cerradas. Llevó al padre a otra estancia y entre susurros le preguntó que si había sido él. Minutos después se oyó accionar el teléfono…sin ninguna afirmación. Nadie había sido. Todo estaba en su sitio y cerrado, no había rastros ni huellas. Más llamadas se sucedieron pero sin ninguna información….A la media hora con voz carraspeada  la madre exclamó: ¡Ay, los reyes Magos si existen y me han castigado por decíroslo antes de tiempo! Los niños siguieron a la suya, jugando sin prestarle mucha atención.
Tres meses más tarde, la madre seguía repitiendo esa exclamación, lo contó por todos los rincones y a todo el que se cruzó. Un día sentados de nuevo a la mesa, la niña decidió que ya estaba bien con guardar el secreto y lo confesó. Dijo que ellos compraron el regalo, lo recubrieron con un papel que no diera pistas del sitio donde había sido comprado y que ella misma se levantó en el silencio de la noche, y lo dejó junto a los paquetes que los padres habían previamente dispuesto. Lo del paripé del niño era realista porque es verdad que lo quería pero le puso más énfasis a modo teatral. La madre no se lo creía. Ahora fue ella la que perdió la emoción. La magia salió de nuevo por la ventana dándole una buena lección. Y colorín colorado este cuento ha sido contado.


Pd: La niña soy yo, el niño es mi hermano y los papás son mis papás. ¡Ahh y la historia es verídica!

4 de diciembre de 2015

No podemos veros pero sabemos que estáis ahí…

Siempre que llega Diciembre, último mes del año, por una extraña razón, la cabeza gira haciendo su particular balance anual. Este año me propuse no hacerlo, ha sido demasiado desdichado, pero la razón va a la suya y cada día  me repite palabras, frases, me recuerda imágenes impactantes, situaciones indescriptibles vividas estos meses…y he decidido darle una oportunidad para saciar ese desasosiego y quizás así calmar esa sensación. Por lo mismo, temía la llegada de la Navidad, época que se tiene por familiar y alegre. Por  todo lo sucedido ni me planteaba hacer nada especial, pero también voy a darle una oportunidad, ¡Claro que sí!. Hay un pequeño en mi interior terminándose de gestar y otro en mi exterior revoloteando y pintando de verde por donde pasa, a veces literalmente con un rotulador. Ellos merecen una bonita Navidad, un final de año diferente. Por ellos hay que estar contenta y dar las gracias por todo continuamente. Papá, esa persona que hace millones de cosas a la vez, también necesita un merecido descanso y desconexión. Ha sido un año demasiado sobrecogedor y tenso. ¡Me duele mucho recordarlo!. Ahora necesitamos borrar algunos recuerdos y transformarlos en algo distinto, cosas bonitas, luces de colores, nubes esponjosas, una ola rompiendo en la orilla del mar, quizás en pajaritos saltando sobre la hierba o simplemente comer turrón de chocolate hasta quedar totalmente saciados y satisfechos. Mario cuando ve un avión por el cielo dice:“mira va a visitar al abuelito” a los abuelitos le rectificamos nosotros. Así quiero pensar yo con la ingenuidad e inocencia de un niño. Camuflar los hechos con simulaciones preciosas como esbozadas con dibujos simplones y con colores extravagantes o pasteles, me da igual. Lo que sea por hacer sentirnos mejor y poder emitir más sonrisas que lágrimas, jejeje.

No podemos veros pero sabemos que estáis ahí… Nosotros,aquí, vamos a seguir realizando las tradiciones de la familia como siempre, como si todo siguiera igual y que sirva de emotivo homenaje. Repetiremos la suculenta “pata al horno” con la receta de Don Manolo. Os enviaremos un trocito hacía el cielo para que la probéis a ver si sigue teniendo ese delicioso sabor inconfundible. Me apetece mucho aunque tenga que sobreponerme a ello, no voy a mentir. Se percibe una mágica ayuda, no obstante. ¡Qué os aproveche tanto como a nosotros!  
 

 
Papi al menos no estás solo y pasaréis estos días juntos los dos abuelitos, estoy convencida. Tomaros una copita de un excelente vino a nuestra salud y reíros mucho contemplando en la lejanía las fechorías y las conversaciones que tiene vuestro nietecico precioso. Pronto llegará el segundo, qué pena que ya no podáis conocerlo, pero seguro que llega con dos ángeles debajo del brazo.
 

 

22 de noviembre de 2015

22 años no son nada…

Veintidós años han pasado desde que nos separamos cuando terminamos nuestra etapa en el colegio, eran tiempos de la EGB. Teníamos 14 años exactamente y rondaban los primeros años de aquellos 90. Luego cada uno tomó un rumbo diferente. Otros siguieron juntos sus caminos. Ahora la mayoría ha formado su propia familia, otros están en proceso de ello y otros no saben no contestan…Ha pasado toda una vida por nosotros pero en esencia seguimos siendo los mismos, obviamente con algo más de madurez, algunos, jajaja.

El pasado 14 de noviembre nos volvimos a reunir, cena italiana mediante. La emoción que emanaba nuestros ojos era más que evidente incluso alguno estaba literalmente “hecho un flan”. Al principio costó reconocer a algún que otro compañero/a pero en general  fue fácil despojar de los años pasados a aquellos niños-adolescentes que llevábamos dentro. Nos reímos muchísimo recordándonos por aquellos tiempos, contándonos las anécdotas de clase y de las excursiones, de cómo estábamos y cómo estamos, de la añoranza que nos daba pensar en cómo estarían nuestros profesores, de los hijos que cada uno tiene, de lo que ha dedicado o dedica su vida…todos con una sonrisa de oreja a oreja.
No ha pasado el tiempo, parecía, murmurábamos entre nosotros…Y claro sí que ha pasado el tiempo, ya lo creo, 22 años, pero era como si no hubiesen pasado, un sentimiento nostálgico-alegre salía de nosotros. El mismo que sentí cuando recibí un mensaje diciéndome que se iba a celebrar una cena de antiguos alumnos del colegio y pedían mi teléfono. Upsss subidón!!!

Muchos han seguido conservado su amistad, complicidad, vivencias, incluso algunos se han hecho familia entre ellos. En mi caso fue distinto. La siguiente etapa estudiantil me llevó por otros derroteros, otra ciudad, otras experiencias, otras oportunidades…una vida diferente. La distancia hizo alejarme del círculo de convivencia de ellos. Hoy en día gracias a la conectividad de las redes he vuelto a recuperar el contacto con algunos. A esta reunión faltaron muchos que tenían inmensas ganas de reencontrarme de nuevo. A la siguiente no volverá a pasar, espero, porque ya se están calentando motores para celebrar otro guateque pronto. Y es que nos faltó tiempo. Una noche se hace corta para resumir 22 añazos. Sin duda la etapa más importante y decisiva de nuestras vidas. El paso de niños a adolescentes y luego a adultos. Nos quedamos con ganas de más. ¡Eso es bueno!. No pude hablar con todos, éramos bastantes…así que en la siguiente seguimos con las miles de conversaciones pendientes. Me sentí como en casa, como en familia, a gustito, arropada, incluso tuve el placer de que me acompañaran 7 caballeros hasta el coche ya entrada bien la madrugada, ¡eso es ir escoltada y lo demás son tonterías! Esto de estar embarazada tiene sus ventajas, juas juas. También las chicas tuvieron muchas atenciones conmigo por mi estado.
 La cena estuvo fenomenal. Uno de nuestros compañeros era el chef y la verdad dimos buena cuenta de la misma. Mi estómago y mi bebé también lo agradecieron. Después seguimos la velada en otro sitio nocturno.Los que tenemos hijos pequeños tuvimos que ausentarnos antes de llegar a casa y encontrarnos a los niños levantados, gajes del oficio. Otros aguantaron hasta  tomarse los churros de buenos días...¡qué suerte¡ Las escasas 3 horas que dormí esa noche merecieron mucho la pena.

¡Muchísimas gracias a todos, me encantó estar todos juntitos! Repetiremos. Y por supuesto que a la siguiente me apunto de nuevo, espero que no me coincida próximo-post día D.
Amparo, Emilio, Rafa, Pepi, Dani, Pablo, Beatriz, Juan, MºJosé, Mónica P., Noelia, Mari Loli, Chari, Olga, Alex, Samuel, Fulgen, Juan Carlos, Fernando, Juan Jo, Paco, José O.,Victor, Pedro, Fran A., Jose Antonio (aunque no lo llegamos a ver que se quedó durmiendo en el coche...)

25 de agosto de 2015

Viaje a ninguna parte

A la memoria de Mi Padre

Un 5 de enero, día de tu 70 cumpleaños, ingresaste en el hospital por tu propio pie pensado que era una simple gastroenteritis y un 5 de Julio te depositamos en el panteón familiar para que descansaras para siempre. 6 meses ha durado esta brutal historia. Justo el día de tu cumpleaños te prometí dedicarte unas palabras  sin poder aventurar la tragedia que iba a suceder. Me remonto a ese día y pienso que eso solo ocurre en la ciencia ficción. Pero no. Me pellizco y todo ha sido en la realidad. Una realidad que cada vez es más común a más familias y nos hace más vulnerables, si cabe. Un triste final anunciado sin remedio alguno. Cuesta digerirlo.
Una terrible enfermedad que ha ido acabando contigo poco a poco sin prudencia. Demasiado tarde. Cuando conocimos la existencia de esa parte dañina en tu organismo todo pasó más rápido y siniestro. Enero fue tremendamente penoso y gélido. Un tornado llegó de repente y nos asoló violentamente. Después apareció la esperanza. Tampoco teníamos demasiada información. Lo mejor es que tú mismo conociste una “verdad a medias” menos dramática y curable. La verdad habría acabado contigo mucho antes. Nosotros habríamos sufrido contigo aún más. En casa no se ha hablado de enfermedades, ni de esperanza de vida, ni de dolor, ni de si el tratamiento hay que aumentarlo, ni de muchas otras cosas que hemos hablado sin que tú supieras, mientras tú, solo querías ponerte bueno. Mientras hacías planes para el día que te encontrabas mejor compartirlo todos juntos, ese día llegaba y no podías ni estar contigo mismo. Querías ir a tu pueblo, a tu casa recién rehabilitada, querías ir un domingo a comer un arroz con la familia, querías ver crecer a tus nietos, querías tantas cosas…Ay Papá, ¡cuánta vida creíamos que tenías y  ésta se ha esfumado de un plumazo! ¡Cuántas cosas nos han faltado vivir juntos! Otras sí que lo hemos disfrutado infinito contigo. ¡Te estoy/voy a echar tanto de menos!

Un terrible destino escrito y anunciado de antemano, que ha transcurrido a la vez con lentitud/rapidez y determinación. Crees en los milagros. Crees en los avances de la ciencia. Crees en la bondad de las personas especialistas en este delicado asunto. ¡Crees y no crees! Un día estás contenta porque ha comido fenomenal. Y otro día te hundes porque ha rechazado hasta la manzanilla. La máquina no funciona bien. La cabeza discurre perfectamente. Te conviertes en una actriz sin serlo. Tienes que actuar en una escena en la que solo te apetece gritar y llorar de impotencia sin embargo cuentas crónicas intentando llenarlas de alegría y cotidianidad. Tus nietos han ayudado enormemente en este proceso. Ellos han sido la alegría que cada día nos ha alimentado para hacer de nosotros esta transformación. Ni una lágrima derramada en tu presencia. Ni una palabra de rabia, ni de tristeza. Hemos asumido desde el principio este camino de espinas a sabiendas del final. Ha sido duro, bastante duro, pero también nos ha enseñado mucho de la vida. Lo cruel y lo bonita que es. Lo frágil y lo fuerte. A valorar el tiempo en segundos. A disfrutar de un día cualquiera a la mesa con niños revoloteando y gritando como bárbaros, a realizar una llamada de consuelo, a algo que no sé ni siquiera explicar con palabras, a estar en paz nosotros contigo y tú con nosotros. A tener que despedirnos sin poder despedirnos. A simplemente estar y darte la mano. A ver tus ojos brillantes y vivarachos deseosos de vida sabiendo que ya nada se podía hacer y contener las lágrimas que querían salir despedidas a cada instante. A esperar lo no esperable. A esperar a que te fueras solo. A esperar como tu organismo se iba consumiendo mientras tu intención era recuperarte. Comprobar la teoría de la Ley de Vida, unos vienen y  otros se van, así en mis propias carnes. La vida y la muerte a la vez. Luz en medio de una noche cerrada. De eso estoy emocionada de habértelo podido anunciar en tu lecho moribundo. ¡Te pusiste tan contento! Momento único, bonito e irrepetible.
No me he atrevido a decirte tantas cosas que me había planteado decirte. He sido una absoluta cobarde. No quería demostrar debilidad pues sabía me emocionaría y solo queríamos darte tranquilidad para que pasaras lo mejor posible los últimos días que te quedaban en esta vida. Tú, papi, me has sorprendido de manera extraordinaria. Tu valentía con la que te has enfrentado a este trasiego impotente, silencioso, sin ningún tipo de queja o lamento, dando ejemplo, un enfermo excepcional decían pasmados el personal sanitario que te atendía cada día. Una fuerza sobrenatural has sacado de tu yo cada vez más huesudo y deshecho. Creo que no has sufrido demasiado. Lo pienso. Luego es.

Ahora, cada noche, cuando el pequeño ya duerme y tengo un momento de reflexión recuerdo con cautela las palabras que me decías con tu particular forma de demostrarme cariño <Hermosa mía>. Tampoco olvidaré como me dijiste refunfuñando desde la cama del hospital con un resquicio de lo que era tu voz <no seas tonta estás preciosa> y que estaríamos mejor en las rebajas de El Corte Inglés. O como días antes de tu ingreso final  comentabas que esa noche habías soñado con gran festín, una mesa llena de comida, cuando nos veías a todos zampar de lo lindo mientras tú hacías todo lo posible por tomarte un simple batido hiperproteico sin éxito. Jamás podía imaginarme que ese sería tu fin.

Te sigo debiendo el post que te prometí en tu cumpleaños, esta vez no ha podido ser…demasiadas lágrimas


¡Tu nietos ya saben que estás en el cielo, cuídalos mucho desde donde estés!

25 de junio de 2015

...a mis alumnos

El curso llega a su fin. Una ligera sensación de nostalgia y satisfacción se combinan a partes iguales. Éste no ha sido un curso fácil para mí. Muchas circunstancias adversas envolviendo el conjunto han hecho que cada día sea una prueba como de “última oportunidad”. Acostumbrada a dar clases en otras materias más afines a mi formación, otros alumnos, otros entornos, otros lugares,  otras aptitudes, otras actitudes, otras metas, un horario raruno,… a pesar de ello ha resultado enormemente gratificante.

Un curso que empezó cuesta arriba y al que se le iban sumando noticias desalentadoras, duras y mal afortunadas. Una mitad de 2015 color oscuro casi negro salpicado de pequeñas pinceladas de luz  como si estuviéramos pintando un cuadro barroco. Dramatismo puro. Alegría en altas dosis también. Los extremos conviviendo en estado máximo. Primero la alegría de poder impartir clases de nuevo después de mi retiro maternal cuidando a mi hijo en su primer año de vida, segundo la adaptación a un cambio de estrategia docente distinta para guiar a estos alumnos tan rebeldes, tercero te encariñas con ellos, cuarto intentas al menos influirles positivamente en sus vidas, no por transmitirles muchos conceptos si no por transmitirles valores vitales que les sean útiles para enfocar sus caminos, quinto cumplir objetivos contigo misma y con el sistema y sexto afirmar “chicos estoy orgullosa de vosotros”.

No creo que, de los que han resistido hasta el final, se vayan a acordar del Teorema de Pitágoras o de la tabla periódica y sus elementos químicos, ni  de los estilos artísticos a lo largo de la prehistoria e historia, ni nada relacionado con la literatura española más conocida. Me conformo  con que simplemente se acuerden de mí. Ellos no lo saben pero me han ayudado mucho cada día. Me he enfrentado a mis propios sentimientos de rabia por lo que sucedía cerca de mí, a tener que contarles leyendas urbanas figuradas para que me hicieran caso y mi mente estaba en otro lugar, a crear un ambiente agradable y divertido cuando mi cuerpo solo pedía llorar y a tener que sacar fuerzas para no “darles un pescozón” cuando se ponían a hacer el indio como niños pequeños. Ahora que nos estamos conociendo más, que hemos abierto la caja de pandora de nuestros corazones entonces llega el “final de curso”…Justo y necesario. Ellos harán las prácticas del oficio que junto a mis pesadas clases han realizado estos meses. Masilla, chapa, pintura, bollados, lijas, coches…han estado entretenidos. Mi mente también.

¡Os deseo mucha suerte para que encontréis pronto un trabajo y empecéis a aprender muchas cosas de las que os he contado mientras poníais cara de no ir con vosotros!
Vuestra profe que os va a recordar con mucho afecto y ternura.


PD: Mis alumnos: Rubén, Aarón, Alejandro, Adrián, Emanuel, Imad N., Mohamed, Imad Ez, Amine...


21 de mayo de 2015

en construcción...

Eran las 14:50 horas de una tarde de verano en mi ciudad. A mí alrededor todo parecía sereno, los coches viajan a poca velocidad, los viandantes a paso lento, mientras el sol derretía el asfalto y a todo lo que incidía. A lo lejos estaba él. Conforme avanzaba a su encuentro, las sombras gigantes y fantasmagóricas de los edificios me daban  algo más de aliento. Las calles despedían un fuerte olor a quemado. Con las hojas presionadas fuertemente en mis manos sudadas, intento salvar los obstáculos que encuentro en el camino y de reojo lo vuelvo a mirar. Esa sensación de que nos estamos mirando mutuamente. Él me espera, plácidamente, como cada jueves esta vez más aseado. ¡Esta semana ha cundido el trabajo! Pienso mientras compruebo una lista apuntada en mi libreta de obra. Apenas quedan restos del tajo anterior.

Su esqueleto estaba dañado por los años y años sin uso y sin cubrición. Las heridas en su estructura, sangrantes, por la desidia eran más que evidentes. Algo había quedado refugiado por las medianeras y una ligera malla de tela que dejaba ver sus entrañas. Un estado de desolación. Quizás sus ansias de ser algún día un hermoso edificio le hicieron aguardar a la espera para ser rehabilitado y terminar definitivamente su construcción. Ha pasado mucho tiempo desde el inicio y es posible que lo que antes era una cosa ahora esté en jaque hasta su nombre y la propia forma incluso su definición, original. Es una obra inconclusa que ha sufrido los daños colaterales de una gran transformación y que se siente en desgracia con todos, con él mismo y su progenitor. Finalmente ha tenido mucha suerte y está siendo de nuevo  cuidado, con cariño, con esmero. Él ha sufrido mucho y las reparaciones deben ser cautelosas, programadas y entre manos de algodón. Tanto tiempo que ha pasado solo y herido está abrumado de las visitas diarias para sanarlo y llevarlo al esplendor. Sin abrigo, uso, y roce o desgaste, solo. Su piel aún no está formada pero ya respira y se comunica con los vecinos de los números contiguos. Quiere expresar sus deseos. No puede moverse hacia los lados pero anhela volcarse al exterior. Él se hace estas reflexiones ¿Quién es realmente mi padre y por qué me abandonó? ¿Qué ha pasado durante todo este tiempo? ¿Quiénes han venido a salvarme?, mientras yo sigo explorando las fases de su ejecución.

Una ráfaga de aire templado se cuela por el interior secando aún más las grietas reparadas y desplazando el polvo acumulado por la superficie. El gris se ha convertido en dorado por la potencia de la luz, parecen cuchillos amarillos o sierras afiladas que sesgan hasta los troncos más duros de los palos de hormigón. La luz ha dado sentido a ese espacio muerto, frío y desolador. ¡Hasta parece que sus vellos se han erguido como los míos en ese instante que ha aparecido la intensidad de la luz! La estructura ha tomado forma, sentido e incluso dimensión. Es posible la vida y la resurrección de este edificio sin alma, sin cuerpo, sin piel…que se ha mantenido  a duras penas, en los huesos, que ya han sido curados, puestos a punto, en carga, fortalecidos con una nueva  y más eficiente tecnología. Al final otros han tenido menos fortuna que éste y siguen esperando a una posible reforma o ya en las últimas, su destrucción. Un paisaje urbano catastrófico le rodea. Tapias enormes, sin prisas, inacabadas, nada amables. Aceros corrugados que señalan al cielo  han quedado estancados, parados, esperan como rezando con  ferviente devoción. Carteles descoloridos que anunciaban muchas oportunidades  palidecidos hasta el punto de ya no ser legibles. Sigo con la lista de la libreta tachando órdenes ejecutadas y otras para revisar. He detectado alguna que otra deficiencia, la marco en rojo y la subrayo con vehemencia para comprobarla en la próxima sesión. Hemos pasado dos horas contemplándonos, disfrutándonos el uno del otro. He aclarado las dudas para la siguiente fase de proyecto. Nos despedimos con entusiasmo, con anhelo de que pasen pronto los días y volvamos a vernos cada día un poquito más avanzada la obra y mejor. De nuevo me he quedado solo.
De repente suena el teléfono. Ha ocurrido un imprevisto fortuito. Un gélido escalofrío me atraviesa de arriba abajo como un rayo. Unos segundos que se hacen minutos. El silencio ocupa todo el espacio a mi alrededor. Se rompe. Un brinco me hace saltar del aposento, abrir el grifo, vestirme a toda prisa, conectar la cafetera y mirar al espejo. Vuelve a sonar el maldito teléfono. No entiendo nada de lo que susurra una voz a lo lejos. Acelero y llego al edificio en cuestión, aquel que visito cada semana con mimo. Esta vez hay gente pululando cerca de él. Sirenas. Luces. Cintas de prohibido el paso. Mi cabeza no procesa bien esta información. En breve se destapa el siniestro. Un cuerpo humano sin vida yace tendido en el forjado primero. Hay restos del forcejeo. Ajetreo. Muchedumbre. Agitación. Pensamiento en blanco y negro. Me entrevistan para conocer las medidas de seguridad de la obra. Todo está en orden  y según lo estipulado. No es cuestión de falta de responsabilidades o negligencias humanas de la dirección facultativa, se oye decir retumbando en el vacío inmenso del espacio. Respiración larga y profunda. Una desgracia ha ocurrido eligiendo este escenario como fondo de la representación. Unos matones bandidos han acabado con una vida, aleatoria, por temas económicos, sin escrúpulos, sin corazón y sin razón. Me lamento mirando los planos de obra ¡Lo que le ha tocado vivir a este edificio que ni si quiera ha nacido o servido aún!. No sale de su asombro después de llegar casi su muerte, es salvado, ahora presencia y es participe en sus propias carnes de un desgraciado caso de violencia extrema sin sentido. ¿Tendrá secuelas este hecho en la propia vida del edificio o de lo que ocurra después en su interior? me pregunto mientras bajo por los peldaños provisionales llevándome las manos a la cabeza. Han pasado quince días del presunto asesinato. Se ha limpiado todo resto de lo ocurrido. En manos de la justicia ha quedado el asunto. Identificado el cadáver y los sospechosos. El tiempo ha quedado detenido pero sigue acelerando todo en su entorno. Continuamos con la construcción.

Vuelve la calma, las visitas a mi obra predilecta. Hoy es jueves de nuevo, toca agilizar el proceso de trabajo por el retraso inesperado y turbulento. Ya con los ánimos sosegados sigo a la marcha de la revisión. Están recepcionados los materiales llegados al sitio, pedidos los de la siguiente fase. Comienza el replanteo de nuevo de la envolvente del edificio. Hay que adaptarse a las nuevas exigencias surgidas estos años perdidos, repensar, buscar e intentar conseguir la mejor opción. El edificio pide a gritos que se le escuche. Ha vivido  sin fachada todo este tiempo que ahora siente miedo a pensar en ser tapado por capas y capas envolviéndolo. Una fachada inexistente. Se ha acostumbrado a ver la calle, a los niños pasando velozmente con sus mochilas pesadas, a los perros al alba y al atardecer, que no quiere perder esos minutos de gozo. Percibo ese aliento cada vez que recorro su recinto. La fachada quiere ser una piel muy ligera parecida a la piel humana, porosa, transpirable que adapte su temperatura al estado que hace fuera o a cómo se sienta por dentro. ¡Qué difícil tarea se presenta ésta la del Arquitecto! Investigación a marchas forzadas. Desarrollo al instante. Innovación reinventada. Cambios infinitos y pesados, in situ. Tarde de decisiones importantes. Modificaciones, permutas, llamadas, bibliotecas, libros, google avanzado, hipótesis, más cambios, dolor de cabeza…Una voz en of me habla, muy tenuemente, en mi oído advirtiéndome de los problemas y la responsabilidad que ha tomado llevar las riendas de este renovado proyecto. Por un momento el pepito grillo vengativo ha venido para alejarme de esta ensoñación. Retomo los libros, la búsqueda, las llamadas e email a determinados expertos en el asunto, los nervios, las dudas, en modo de excitación. Abro la carpeta de mi pc “en construcción” introduzco la documentación recibida. Al poco rato pienso, dibujo, empiezo una maqueta volumétrica de un detalle. Por fin, decido.
Ha llegado el momento preciso para colocar en la obra las piezas celulares sobre un entramado geométrico. Como una odisea en el espacio me hallo. Ese mismo entramado permanece en mi mente enmarañándolo todo. No puedo ver con claridad, mis ojos solo ven una amalgama de aristas y triángulos. Un instante lúcido. Repaso los últimos planos creados. Una niña con zapatos nuevos me siento. Avanza el procedimiento. No hay lugar para el método “prueba-error”. ¡Todo tiene que encajar preciso desde el principio! resoplo. El sol inicia su actividad. La luz primero rosácea, luego morada y acaba en dorada, choca suavemente con la nueva protección de la fachada. Se abre paso una visión más cambiante del conjunto. La geometría ya no es la misma. Unas nuevas sombras arrojadas inquietantes aparecen en el pavimento. La piel está interactuando con el medio. ¡Parece que ha funcionado el invento! respiro. Disfruto mucho de esta situación tan mágica que se ha creado en este futuro edificio. Un colega perito se presenta, sin avisar previamente ese día, observa sin detenimiento. Ha quedado enloquecido por la grata experiencia del juego de luces que se está viviendo en ese transcurso de tiempo. Ha acudido a mi pertinente insistencia. Cuatro ojos ven más que dos siempre se ha dicho. Cercioramos juntos todo el proyecto tanto en los planos como en directo. Cierro con llave la puerta del que va a ser un inmueble. Dos cervezas bien frías chorrean posadas sobre la barra del bar de enfrente. El trabajo bien hecho ha merecido un respiro entre tanto calor veraniego, desmayo sin resuello. Lo que ha ocurrido hoy en la obra ha sido tremendamente precioso y muy emotivo, dice mi colega acto seguido de tomar un sorbo del líquido color tostado. Una imagen móvil se ha guardado en mi retina. La luz transformadora  ha hecho posible el espacio. Un lugar anodino y aletargado, ha revivido gracias a ella y a unos cuantos cuidados previos. Apunto una nota con la hora, el día, el lugar exacto.
El sonido de un claxon me avisa de que está en verde el semáforo…

Pd: quería presentarme a un concurso de relatos para Arquitectos pero el niño se puso malito y...